En la entrevista de A lo Grande Podcast, Fer Miralles deja una idea incómoda y muy útil: muchas personas comunican desde el “yo”.
Yo quiero hablar. Yo quiero que me escuchen. Yo quiero tener audiencia. Yo quiero vender. Yo quiero vivir de esto. Yo quiero que mi mensaje llegue.
Pero quien está al otro lado no tiene obligación de darte atención. Te escucha si percibe que hay algo útil para él: una respuesta, una solución, una idea, una emoción, una historia, una oportunidad o una forma mejor de entender lo que le pasa.
Por eso Fer insiste en que, antes de pensar en técnicas de oratoria, hay que entender qué quiere tu público, qué necesita, qué problema tiene y qué valor concreto le vas a entregar.
La comunicación no empieza cuando hablas. Empieza cuando dejas de mirarte a ti y miras a quien tienes delante.
Porque muchas veces no fallas por hablar mal. Fallas porque estás hablando desde el lugar equivocado.
Empiezas un vídeo explicando quién eres. Abres una presentación con agradecimientos eternos. Escribes una landing hablando de tu método. Mandas un email contando lo que tú quieres contar. Entras a una reunión pensando en tu objetivo, pero no en el problema real de la otra persona.
Y entonces ocurre algo muy simple: la atención se va.
En redes, deslizan. En una reunión, desconectan. En una web, se marchan. En una presentación, miran el móvil. En una conversación, esperan a que termines.
No porque sean malas personas. Porque no han entendido rápido porque eso les importa.
Comunicar mejor no es adornar frases. Es cambiar el centro de gravedad del mensaje: menos “mírame” y más “esto te sirve”.
Hoy vas a reescribir una pieza real de comunicación cambiando el foco del “yo” al “tú”.
Puede ser un post, un email, una presentación, una landing, un guión de vídeo, una propuesta comercial o el inicio de una reunión.
No vas a hacerla más bonita. Vas a hacerla más útil.
El objetivo es que una persona entienda en pocos segundos por qué debería seguir escuchando.
1
No trabajes en abstracto. Elige algo que vayas a usar:
2
Ejemplos:
No pasa nada por tener un objetivo propio. El problema es comunicar solo desde ahí.
3
Pregúntate:
4
Tu primera frase debe conectar con la necesidad de la otra persona, no con tu presentación.
En vez de:
Prueba:
En vez de:
Prueba:
5
Quita una frase de autopresentación, justificación, relleno o ego que no aporte valor inmediato.
La pregunta es sencilla:
¿Esta frase ayuda a la otra persona a entender, decidir o avanzar, o solo está intentando demostrar algo sobre mí?
6
No prometas cambiar la vida de nadie. Promete una utilidad clara.
Ejemplos:
Pieza que voy a revisar:
A quién me dirijo:
Qué quiero conseguir yo:
Qué necesita la otra persona:
Qué problema quiere resolver:
Qué valor concreto voy a entregar:
Primera frase actual:
Primera frase reescrita:
Qué parte centrada en mí voy a eliminar:
Promesa concreta para quien me escucha:
Puede que notes algo incómodo: muchos mensajes que parecen profesionales están escritos desde el ego.
Eso no significa que estén mal intencionados. Significa que empiezan demasiado lejos del interés real de quien escucha.
Si haces bien el ejercicio, puedes observar tres cambios:
Tu mensaje se vuelve más claro.
La primera frase gana fuerza.
Empiezas a distinguir mejor entre contar lo que sabes y entregar algo útil.
También puedes notar que al quitarte del centro, tu comunicación no se vuelve más débil. Se vuelve más útil.
Y lo útil tiene muchas más posibilidades de ser escuchado.
1. Pensar que hablar del público significa renunciar a tu objetivo.
No se trata de olvidarte de lo que tú quieres conseguir. Se trata de entender que lo conseguirás mejor si primero entregas valor a quien escucha.
2. Hablar a todo el mundo.
Si no sabes a quién te diriges, acabarás usando frases genéricas. Y lo genérico casi nunca engancha.
3. Confundir valor con contar todo lo que sabes.
Dar valor no es soltar más información. Es elegir lo que la otra persona necesita ahora.
4. Empezar con demasiada presentación.
Tu trayectoria puede importar, pero no siempre debe ir al principio. Primero conecta con el problema. Después ya habrá espacio para explicar quién eres.
5. Usar el “tú” como truco vacío.
No basta con cambiar “yo” por “tú”. La pregunta real es si has entendido de verdad qué necesita esa persona.
No vas a encontrar una técnica para hablar más bonito sin decir nada.
No vas a encontrar un truco para manipular la atención.
No vas a encontrar la promesa de gustar a todo el mundo.
La idea es más simple y más exigente: antes de pedir atención, ofrece algo que merezca atención.
Esta píldora es una herramienta de comunicación práctica. Úsala con responsabilidad: comunicar mejor no significa presionar, ocultar información ni empujar a alguien hacia una decisión que no le conviene. La persuasión sana deja margen real para decidir.
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